Extasis
Gabriela Mistral
Ahora, Cristo, bájame los párpados,pon en la boca escarcha,que están de sobra ya todas las horasy fueron dichas todas las palabras.Me miró, nos miramos en silenciomucho tiempo, clavadas,como en la muerte, las pupilas. Todoel estupor que blanquea las carasen la agonía, albeaba nuestros rostros.¡Tras de ese instante, ya no resta nada!Me habló convulsamente;le hable, rotas, cortadasde plenitud, tribulación y angustia,las confusas palabras.Le hablé de su destino y mi destino,amasijo fatal de sangre y lágrimas.Después de esto, ¡lo sé!, ¡no queda nada!¡Nada! Ningún perfume que no seadiluido al rodar sobre mi cara.Mi oído está cerrado,mi boca está sellada.¡Qué va a tener razón de ser ahorapara mis ojos en la tierra pálida!¡ni las rosas sangrientas,ni las nieves calladas!Por eso que te pido,Cristo, al que no clamé de hambre angustiada:ahora, para mis pulsos,y para mis párpados baja.Defiéndeme del vientola carne en que rodaron sus palabras;líbrame de la luz brutal del díaque ya viene, esta imagen.Recíbeme, voy plena,¡tan plena voy como tierra inundada!
Apegado a mí
(Canciones de cuna)
Gabriela Mistral
Velloncito de mi carne,que en mi entraña yo tejí,velloncito friolento,¡duérmete apegado a mí!La perdiz duerme en el trébolescuchándome latir:no turben mis alientos,¡duérmete apegado a mí!Hierbecita temblorosaasombrada de vivirno te sueltes de mi pecho:¡duérmete apegado a mí!Yo que todo lo he perdidoahora tiemblo de dormir.No te resbales de mi brazo:¡duérmete apegado a mí!
Corderito
(canciones de cuna)
Gabriela Mistral
Corderito mío,suavidad callada:mi pecho es tu grutade musgo de felpa.Carnecita blanca,tajada de luna:lo he olvidado todo,por hacerme cuna.Me olvidé del mundoy de mi no sientomás que el pecho vivocon que te sustento.Yo se mi soloque en mi te recuestas.Tu fiesta, hijo mío,apagó las fiestas.
El amor que calla
Gabriela Mistral
Si yo te odiara, mi odio te daríaen las palabras, rotundo y seguro;pero te amo y mi amor no se confíaa este hablar de los hombres, tan oscuros.Tú lo quisieras vuelto un alarido,y viene de tan hondo que ha deshechosu quemante raudal, desfallecido,antes de la garganta, antes del pecho.Estoy lo mismo que estanque colmadoy te parezco un surtido inerte.¡Todo por mi callar atribuladoque es más atroz que el entrar en la muerte!
La lluvia lenta
Gabriela Mistral
Esta agua medrosa triste,como un niño que padece,antes de tocar la tierradesfallece.Quieto el árbol, quieto el viento,¡y en silencio estupendo,este fino llanto amargocayendo!El cielo es como un inmensocorazón que se abre, amargo.no llueve: es un sangrar lentoy largo.Dentro del hogar, los hombresno sienten esta amargura,este envió de agua tristede la altura.Este largo y fatigantedescender de aguas vencidas,hacia la Tierra yacentey transida.Llueve…, y como un chacal trágicola noche acecha en la sierra.¿Qué va a surgir, en la sombra,de la Tierra?¿Dormiréis, mientras afueracae, sufriendo, esta agua inerte,esta agua letal, hermanade la Muerte?